De lobo a pastor

El grupo constituido por los perros de pastor es el más apreciado por la sociedad para cumplir las funciones de compañero y amigo.

Es el resultado de la maleabilidad y alto carácter social de tales perros, con un desarrollado sentido de la comunicación como demuestra la integración de la palabra que efectúa el pastor en la educación del perro joven.

El pastoreo es, junto a la caza, la más antigua ocupación del perro, el crisol donde se forjó su oficio de compañero útil para el hombre. Los zoólogos hablan del mutualismo como una simbiosis que beneficia a dos especies que se adaptan a vivir juntas, pues el hombre primitivo necesitó al perro tanto como el perro necesitaba del hombre.

El maravilloso mecanismo de la evolución obró hace millones de años para convertir a una especie predadora, a un cazador como son los cánidos, en el pacífico animal que controla y protege de otras alimañas las mismas piezas que antes él cazaba. Sin duda fue un proceso lento, en el que se fue moderando la agresividad que el perro sentía hacia el ganado. Hace miles de años los cachorros de perro debieron ser separados de su madre al poco de nacer y criados en el establo, mamando de las ovejas, como todavía Charles Darwin pudo contemplar en 1833 que se hacía en las grandes estancias ganaderas de América, durante su viaje en el buque Beagle.

LADRAR, MEJOR QUE MORDER

Un trabajo como el del pastoreo, que hoy encontramos natural y atribuimos a la inteligencia del perro, es en realidad un largo y complicado proceso de adaptación. Los cánidos salvajes, como el lobo, cuando cazan ungulados (cabras y ovejas) que se mueven en rebaño seleccionan un animal juvenil o enfermo, al que separan del grupo para dar muerte. Este comportamiento hereditario permaneció en el perro de pastoreo, pero invertido, pues ahora cuando observa que una oveja se descarría la conduce nuevamente al rebaño.

En sus inicios el perro pastor conservaba una alta dosis de agresividad, lo que le llevaba a morder a la oveja díscola ocasionándole heridas que se podían infectar y provocar su muerte. Esta conducta debió ser reprimida por los pastores con extrema severidad, castigando, excluyendo de la cría e incluso sacrificando al perro que no cambiaba de comportamiento. Con el tiempo se fueron seleccionando de modo natural perros que modificaron la acción de morder sustituyéndola por el ladrido, mediante el que conducían de nuevo al rebaño las reses que se separaban. Fueron necesarios centenares de años para que este proceso, al madurar, alcanzase el nivel de perfección que admiramos en las actuales razas de pastoreo.
Fuente: grupov.es

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