Mi perro adolescente y yo

Mi perro adolescente y yo

Entre los 5 y los 12 meses de edad transcurre uno de los periodos más interesantes de la vida de un perro, se produce su maduración sexual, la afirmación de su propia individualidad y se desarrolla plenamente el carácter del animal.

El propietario deberá jugar un doble papel, de un lado el de amigo y compañero con el que el perro interactúa, juega y establece una profunda relación afectiva basada en la amistad, pero por otro debe emplear su autoridad para iniciar al perro en un proceso educativo que se desarrollará a lo largo de los siguientes meses y además enseñarle el papel que ocupa en la casa.

Al llegar a esta edad el cachorro ya ha debido aprender unos principios básicos que facilitan su convivencia en la sociedad humana. Se sabe su nombre, lo ha aprendido en los primeros días de su llegada a casa, pues por ese nombre nos hemos dirigido a él cuando queríamos llamar su atención. Acude a la llamada, que no es más que una consecuencia del aprendizaje de su nombre, ya que toda orden debe ir precedida por su nombre. Y se ha convertido en un animal limpio, algo que no debe resultar difícil puesto que el perro posee la cualidad instintiva de la limpieza, nunca ensuciará su cama, ni de pequeño, y procurará hacer sus necesidades lo más alejado que pueda de ella.

Entre las cosas nuevas que tendrá que aprender en este periodo de su vida algunas son tan esenciales como caminar con traílla, no correr tras los vehículos, dominar las excesivas muestras de cariño, dominar su agresividad y no ladrar sin una razón perentoria para ello.

Junto a este madurar fisiológico el perro va madurando psicológicamente. En seguida aparece una gran fijación hacia sus amos, también un carácter alegre, obediente, con marcada inclinación al juego. Acepta la educación, asume las costumbres de sus propietarios, convive. La convivencia no es un acto público, es un ejercicio de intimidad que se establece entre el perro y su familia.

EJERCICIO JUGANDO

El perro ya tiene todas las dosis de vacunas y está convenientemente protegido de enfermedades víricas, es el momento de salir a la calle, pues debe relacionarse con otros perros y otras personas. De esa relación nacerá seguridad en sí mismo y tolerancia con los otros, formándose en el animal un carácter equilibrado, sin fobias ni miedos. A todo ello contribuyen en gran medida las posibilidades de jugar con otros perros que ofrezcamos a nuestro joven cachorro, pues el juego posee una gran fuerza educativa.

En los mamíferos sociales como algunos monos, incluído el hombre, y naturalmente en el perro, el juego cumple una gran función social como medio de transmisión de enseñanzas que serán fundamentales para la supervivencia. Mediante el juego en el perro se modelan sus comportamientos sociales esenciales para la especie, como son el de lucha, de caza y sexuales.
Fuente: grupov.es


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