Comportamiento estereotipado en los perros

El comportamiento estereotipado en los perros, hace referencia a patrones de comportamiento repetidos y sin propósito alguno, siendo patrones morfológicamente idénticos. Puede verse como una compulsión intensa. La diferencia entre la clasificación anterior y este puede estar básicamente en función de los grados de intensidad (saltos, corretearse la cola, lamido de objetos, marcha compulsiva). Es un comportamiento destructivo muy frecuente en el síndrome de ansiedad por separación o reclusión que provoca frustración.

Definir una conducta estereotipada es bastante difícil ya que cualquier definición no la abarcaría en su totalidad. Hay consenso general para definirla como un acto repetitivo, constante y que aparentemente no sirve para un propósito obvio. Esta es un definición descriptivamente útil pero no del todo exacta, puesto que los estereotipos tienen distintos grados de variación, principalmente en los estadios iniciales. Algunos estereotipos no son actos repetitivos, como por ejemplo los animales que quedan inmóviles por determinado tiempo. Otras conductas compulsivas son repetitivas pero sí tienen un propósito obvio, como sería la conducta masturbadora. Pero en ocasiones hemos sido testigos de cómo un animal comete tantas acciones repetitivas como la de dar vueltas persiguiendo su mismo rabo, lamerse las patas, babear de un modo excesivo. Se trata de actos constantes sin objetivo preciso con el fin de aliviar el estrés o la ansiedad que tienen.

¿De dónde proviene?

Son muchos los que opinan sobre la naturaleza del comportamiento estereotipado, pero son mayoría los que coinciden en la dificultad de definirlo. Se barajan muchos conceptos y teorías extraídas del comportamiento animal y, para no caer en error o equivocación, se recomienda que estudies tú mismo dónde y cómo vive tu perro y de qué forma le influye el entorno.

El perro es el mejor amigo del hombre y repite lo que ve o lo que siente que agrada a su dueño una y otra vez. Esto a simple vista no parece peligroso, pero puede llegar a convertirse. Por ejemplo, si ves que tu mascota corre detrás de su cola sin sentido, seguro te haga gracia, te rías y le rasques la cabeza como felicitándola por el show. Corres el riesgo que piense que está bien lo que ha hecho y, sólo por este motivo, puedes tenerla repitiendo la misma acción todos los días cada vez que te vea. Las caricias no siempre son la mejor respuesta y quizá produzcan futuros problemas difíciles de manejar.

Cuando el animal comete estos actos, son tan obsesivos e ilógicos que ni siquiera le producen alegría o placer. Él no sabe por qué está teniendo esa determinada conducta, y lo más grave es que quizá no pueda parar. Muchas veces el problema proviene de un cambio de casa o de individuos nuevos en el hogar. El can querrá llamar la atención y se meterá en un ciclo vicioso del que más tarde le costará salir.

Compulsivo frente a estereotipado

No es lo mismo decir que tu perro actúa de forma compulsiva que explicar que lo hace de forma muy compulsiva. La gran diferencia subyace ahí, en la intensidad de la acción y en la repercusión que ésta le origina. Por eso, cuando veas que tu mascota repite algo de un modo incontrolado, fíjate en el orden de repeticiones o tandas, como si de una cuestión matemática se tratase.

En nosotros, las acciones neuróticas tienen un único origen, el mental, mientras que en animales existen otros factores, como los exteriores. Afectan en gran medida al comportamiento canino y consiguen modificar las costumbres de tu can hasta tal punto de que, si intentas evitarlo radicalmente y sin ayuda cualificada, conseguirás un mordisco en forma de protesta. Piensa que en ese momento son enfermos sin conciencia.

A veces, esta conducta deriva en acciones autodestructivas, como el morderse una pata hasta hacerse sangre o pegarse contra una pared hasta la extenuación. Estos síntomas demuestran la inestabilidad mental de tu mascota en estado puro. Tampoco en todos los casos se llega a estos extremos, pero podemos ver otras acciones menos destructivas pero igual de problemáticas: tensión sexual acumulada, fobia a objetos insignificantes que antes ni se percibían, ansia por morder en todo momento, etc. Esta pérdida de control debería estar vigilada.

Tratamiento adecuado.

Para prevenir la aparición, o atenuar, los problemas de comportamiento y los estereotipos, resulta fundamental que el propietario conozca el comportamiento “normal” del animal doméstico y las normas que regulan las respuestas comportamentales, así como su capacidad de interpretar correctamente los comportamientos de su mascota.

En esta óptica asume un papel fundamental el veterinario, puesto que ya en la primera visita, se preocupará de informar a los propietarios, no sólo de los programas de vacunación, de la modalidad de alimentación y de control de la parasitosis, sino también de los argumentos referentes al desarrollo social del animal, y de cómo guiar su integración en la familia. En el caso de problemas de comportamiento el veterinario debe prever la actuación de una combinación de fármacos.

Se trata ciertamente de un programa ambicioso, porque a pesar de que los resultados de la terapia comportamental se logran a medio-largo plazo, conducirán sin duda a un resultado satisfactorio, teniendo la constancia de proseguir por todo el tiempo necesario, sin que ni el veterinario ni los propietarios se desalienten por las innegables, y de alguna manera inevitables, dificultades que tales tratamientos terapéuticos comportan. Se debe de estar en constante procedimiento y con mucha rapidez para que el perro no se haga daño, observar ante cualquier cambio de actitud, tanto fuera o dentro de la vivienda.
Fuente: www.sobreperros.com


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