Educación de los perros

EDUCACIÓN

Si miramos cualquier libro sobre razas caninas, sea quien sea el autor, y sea cual sea la raza, enseguida nos daremos cuenta que siguiendo la interpretación que marca el estándar nos enseñan un ideal sobre el comportamiento del elegido.
Los perros a pesar de mostrarnos el perfil racial que se ha seleccionado, potencialmente hablando, al igual que nosotros los humanos (desde que somos niños) nos demuestran características temperamentales individuales. Así, los hay amistosos y dulces, gruñones y distantes; sin que esto sea mejor o peor, simplemente es el resultado de sus genes y de la educación y socialización recibida.

TEMPERAMENTO Y CARÁCTER

Como educadores caninos y, por tanto, como personas encargadas de asesorar o ayudar a moldear el comportamiento de los perros, hacemos uso con frecuencia de una fórmula de principios simples, pero en la práctica muy efectiva e ilustradora para los propietarios caninos: La conducta que podemos observar en los perros es la suma del temperamento innato y del carácter que el animal termina forjando a través de la experiencia. En este último apartado que es, digamos, el más susceptible de contagiarse por todos los acontecimientos que le toca vivir al perro desde que es un cachorrito, tiene buena culpa de ser el motivo o la causa por la que más de un perro termina convertido en un «resabiado» contra otros perros o personas (incluyendo adultos y niños).

Así un cachorro que sufre una experiencia traumática que le «sensibiliza» y le saca de su equilibrio natural puede ser el detonante, si no se curan los efectos negativos, de que el perro se convierta en un agresivo imprevisible o un miedoso patológico. Un ejemplo que desgraciadamente es muy habitual es el del cachorro o perro joven que sufre una agresión (normalmente en un parque público) por parte de un perro belicoso que fuera de control zarandea al cachorro sin miramiento ni freno. Cuando los dueños intervienen el daño (quizás no tanto el físico sino más bien el psicológico) ya está hecho. Afortunadamente, y por lo general, esto no quiere decir que una sola experiencia negativa «rompa» a un animal joven. Es la suma de: la gravedad del suceso; la edad y raza del cachorro; e incluso la calidad (en cuanto a nivel sensitivo) del ejemplar en cuestión la causante del resultado final.

Sin embargo, esta parte «moldeable» del comportamiento es justo la que mejor responde a un reciclaje de la conducta. Y éste es precisamente el área de trabajo de educadores, adiestradores y demás terapeutas caninos de nuevo cuño que ponen al servicio del «necesitado» toda una batería de conocimientos, técnicas y métodos varios, con nombres tan rimbombantes como: contra condicionamiento, desensibilización sistemática, etc. Sin entrar en el debate de cuál de ellos es más útil o está mejor fundamentado, el caso es que englobando todos los propósitos podríamos aseverar que en definitiva, aspiran a borrar o amortiguar los efectos «grabados a fuego» en la memoria del animal a cambio de una nueva identidad, saneada y reforzada que le provea de una confianza renovada a base de nuevos recursos y mecanismo de acción.
Fuente: htpp://www.grupov.es


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