La mirada culpable del perro

Los que tenemos perro, sabemos esa mirada culpable que ponen. Cuando los perros se portan mal y son atrapados cometiendo un pequeño delito e incluso cuando no los sorprendemos, pero saben que obraron mal y que nos vamos a enfadar, adoptan una actitud lastimera.

Bajan las orejas, se agazapan un poco y miran de abajo hacia arriba como disculpándose por haber sido tan malos, es la mirada culpable.

Muchos dueños han tenido esta experiencia: al llegar a casa se encuentran con el perro mirando avergonzado, con la cabeza gacha, las orejas aplanadas, el rabo entre las piernas, quizás escabulléndose para ocultarse detrás del sofá. Intrigados, pronto descubren la razón, sus zapatillas están mordisqueadas o, quizás, el cubo de basura de la cocina ha sido volcado. ¿Realmente está mostrando el perro que se siente culpable? ¿Qué sucede en realidad cuando los perros tienen cara de culpables? Alexandra Horowitz, Profesora del Barnard College, en Nueva York, es autora de la investigación “Canine Behaviour and Cognition” (Comportamiento canino y cognición) publicada en la revista Behavioural Processes, en la que explora un fenómeno conocido por todos los propietarios de perro: la mirada culpable o expresión de culpa.

Los dueños de los perros solemos decir que entendemos las expresiones de nuestra mascota, en especial esos tiernos ojitos de culpa que saben poner cuando han hecho algo malo. La profesora Horowitz se ha empeñado en demostrar lo contrario, es decir, que no sabemos interpretar los gestos de nuestro perro o que éste, quizá más listo que nosotros, nos engaña. Horowitz logró convencer a algunos dueños de que sus perros habían hecho alguna travesura cuando no era cierto, mientras ellos seguían afirmando que podían ver su expresión de culpabilidad. El estudio reveló que la expresión no tiene relación con el comportamiento de los animales. Y sus responsables descubrieron que la creencia de los dueños de que pueden interpretar el lenguaje corporal de los perros a menudo es infundada.

EL EXPERIMENTO

Horowitz ideó un experimento con catorce personas con sus perros, seis hombres y ocho mujeres acompañados de 6 perros sin raza, 2 labrador retriever, 2 teckel, un griffón de Bruselas, un terrier tibetano, un shih tzu y un cockapoo, una nueva raza producto del cruce de un cocker spaniel y un caniche que tiene su club de fans en Estados Unidos.

La investigadora pidió a los dueños que mostraran una galleta a su perro, le dieran la orden de no comerla y luego saliesen de la habitación. En algunos casos, los perros obedecían, pero en otros se comían la galleta. A veces Horowitz retiraba la galleta como si el perro se la hubiese comido, en otras reemplazaba la que el perro se había comido por otra idéntica. Cuando el dueño del perro volvía a entrar en la habitación, comprobaba si la galleta estaba intacta o había desaparecido. Los dueños reprochaban a los perros desobedientes. Pero la mitad de los dueños fueron engañados. Sólo la otra mitad supo de verdad qué había pasado.
Fuente: www.grupov.es


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