Obediencia canina

Es muy importante la obediencia canina. Un perro adiestrado y obediente es un perro feliz. Porque eso le proporciona una estrecha camaradería con su dueño. Además, el dueño de un perro adiestrado también es feliz porque él y su perro han encontrado un medio de comunicación. Han llegado a una base de mutuo respeto y entendimiento.

¿Cómo funciona la mente de un perro?

El adiestrador debe tener presente las limitaciones de la mente del perro “cada pero es un individuo”. Estudie cuidadosamente a su alumno. Adopte los métodos más adecuados a su edad y temperamento. Un perro no comprende los principios abstractos del bien o del mal, por tanto se han de utilizar premios y castigos para enseñarle lo que debe o no hacer. Es mejor que el adiestramiento corra a cargo de una sola persona. Durante las lecciones separe al perro de otros animales de compañía, niños o actividades que pudieran distraerle. Diviértase con su perro antes y después de cada sesión. Sin embargo, cuando empiece la tarea, póngase serio. Hágale saber que es hora de trabajar.

El tono de voz

Las órdenes deben darse siempre con voz firme pero sin gritar. Su perro entenderá el tono de su voz, no el significado de las palabras. Sus órdenes deben inspirar confianza. Deben ir directamente al perro, y no emitirlas en cualquier dirección. Puede insistir con un principiante en tono amable, pero ordene cuando sepa que el perro le entiende. Exija cuando le ordene hacer algo y él rehúse. El perro debe darse cuenta de que usted es el jefe y que, por lo tanto, debe obedecerle.

Repetición constante

Utilice siempre las mismas palabras y /o señales con la mano para cada ejercicio, para no confundir al perro. Repita la misma orden una y otra vez hasta que la entienda. Al principio, deben exagerarse las señales con la mano; a medida que progrese el adiestramiento puede reducirse la exageración. Utilice el nombre del perro al darle órdenes. Déjele que domine una habilidad antes de pasar a enseñarle otra. Pero no se exceda. Quince minutos al día, dos veces cada día, es suficiente.

Premio y castigo

Cuando un perro ejecute bien la orden, aun cuando su realización haya tardado más tiempo del deseable, debe premiarle siempre, al menos con una palmadita en la cabeza y un cálido elogio. Generalmente los perros están ansiosos por complacer. Sólo necesitan que se les enseñe cómo hacerlo. Cuando se premia a un perro por su realización, él siente que ha hecho lo correcto, y la próxima vez lo hará deprisa. El premio puede adoptar diversas formas: palabras amables, permitir que retoce unos minutos, palmaditas, dejar que el perro realice su ejercicio favorito y darle golosinas

No es aconsejable premiar a un perro dándole golosinas constantemente, pues llegaría a acostumbrarse a este tipo de recompensa y la esperaría cada vez que respondiera bien. Cada periodo de adiestramiento debe concluir con caricias, elogios y palabras de ánimo para mantener el entusiasmo del perro por su tarea. Si la ejecución de un ejercicio determinado no merece elogios, déjele realizar un ejercicio corto que haya aprendido bien, de modo que la sesión pueda finalizar con una recompensa legítima.

No es aconsejable recurrir al castigo físico. La abstención del elogio, usar un tono de reprimenda, o incluso decir enérgicamente “no” suelen ser suficiente castigo.

El momento de hacerlo es importante. La corrección, cualquiera que sea su forma, debe aplicarse siempre inmediatamente después de que el perro se haya comportado mal. Su mente no puede relacionar el castigo con una infracción cometida unos cuantos minutos antes.

Sólo debe aplicarse un castigo severo como último recurso, en caso de desobediencia deliberada, terquedad, o aun peor, desafío. Nunca se le debe castigar por torpeza, lentitud en aprender, o incapacidad de entender. La palabra “no” es una indicación para el perro de que ha hecho algo mal. “No” es una de las mejores palabras para utilizar como orden negativa. Pronúnciela con tono firme y reprobatorio.

Un cuidador nunca pega a un perro con la mano ni le golpea con la correa.

La mano se utiliza solamente como un “instrumento” de elogio y de placer; nunca debe permitirse que el perro la tema. Azotar a un perro con un correa sólo servirá para hacerle temeroso y para disminuir la eficacia de su uso legítimo. En ningún caso debe utilizarse el nombre del perro cuando se le corrija. Si el perro es corregido cuando se le coge en el acto del mal comportamiento, pueden esperarse resultados más rápidos. A largo plazo frecuentemente compensa aplazar la acción disciplinada hasta que el perro sea sorprendido en el acto, o “tenderle una trampa” y vigilarle desde un escondite. Por medio del aprovechamiento de la oportunidad inmediata, muchos perros traviesos se han curado con una sola lección.

Paciencia

El adiestrador no debe perder nunca la paciencia. Si lo hiciera, el perro sería difícil de manejar, porque como contrapartida adoptaría la actitud del adiestrador. La paciencia es uno de los requisitos fundamentales de un buen adiestrador de perros, pero debe aunarse con la firmeza. Cuando el cuidador esté seguro de que el perro le entiende, debe insistir para que le obedezca. Nunca debe permitirse que el perro sospeche que tiene otra salida aparte de obedecer. Se le debe convencer de que deberá hacer lo que el adiestrador le ordena, y que deberá cumplir la orden completamente, sin importar el tiempo que tarde. Si el adiestrador se relaja en su firmeza aunque tan sólo sea una vez, puede traducirse en un actitud o disposición de desobediencia, lo que cual implicará dificultades y demoras en la continuación del programa de adiestramiento con el consiguiente disgusto por su parte.
Fuente: www.Foyel.com


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