Los perros a través de la historia

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En este blog nos caracterizamos por nuestro profundo amor por nuestras mascotas. Como sabemos que a nuestros lectores también les apasionan, hoy les traemos dos historias de caninos famosos, para llenarnos de ternura.

Stubby, condecorado

Mejor conocido como “Sargento Stubby” fue el perro más condecorado de la Primera Guerra Mundial y el único en ser nombrado sargento gracias a su desempeño en combate. La historia de Stubby (rechoncho o achaparrado) comenzó en la Universidad de Yale, donde se encontraba merodeando cerca de los jardines del campus donde entrenaba el 102° Regimiento de Infantería. Mientras el perro observaba a los hombres entrenar, el soldado Robert Conroy se encariñó con él, tanto así que el día que tuvo que partir a combate, se llevó a Stubby con él, escondiéndolo. Cuando el oficial al mando lo descubrió, Stubby lo saludó con la pata, como si se tratara de un soldado más, por lo que el oficial le permitió quedarse a bordo. Stubby sirvió a su regimiento durante dieciocho meses en Francia y participó en cuatro ofensivas y diecisiete batallas. Fue herido una vez, pero se recuperó enteramente. Demostró un desempeño extraordinario, salvó a su regimiento de muchos ataques tóxicos advirtiéndoles con sus ladridos. Tenía un sentido del olfato muy agudo y era capaz de encontrar heridos.

Last updated on 13 junio, 2021 16:18

El amigo fiel, Hachiko

A principios de 1924, el profesor Hidesaburō Ueno, de la Universidad de Tokio, encontró un perro de raza akita en una granja. El profesor lo levantó y notó que sus patas estaban ligeramente arqueadas, entonces lo llamó “Hachi”, como el kanji 八 que en japonés significa “ocho”. El profesor se encariñó con el perro, quien lo acompañaba a la estación para despedirse de él todos los días antes de irse al trabajo. Al final del día, Hachi estaba en la misma estación para recibirlo. Esa rutina permaneció durante un año entero, lo cual las personas de la estación no pasaron por alto. El 21 de mayo de 1925, el profesor Ueno sufrió un derrame cerebral mientras daba una clase y murió. Hachi fue como siempre a la estación a esperarlo, pero él nunca llegó. Fiel a su rutina, Hachi se quedó a vivir en la estación durante nueve años, a la espera del profesor. Esto conmovió a quienes sabían de la muerte de este, así que comerciantes, cuidadores e incluso viajeros, se encargaron de alimentar y cuidar a Hachi durante toda su vida. Incluso, erigieron una estatua de bronce en su honor en la misma estación de Shibuya, y Hachi estuvo presente en la inauguración. Finalmente, luego de diez años, el 9 de marzo de 1935, Hachi fue encontrado muerto frente a la estación. Perro y humano descansan en paz en el cementerio de Aoyama, donde se construyó un monolito con su nombre. Fue desde entonces que se le conoce como “Chūken Hachikō” (el perro fiel Hachikō) refiriéndose el kō a “leal”.

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